¿Tienen sentido las revistas de cine online?

No, no tal y como están planteadas en la actualidad, como simples calcos, sucedáneos, de las revistas de cine en papel, entendiendo por revista aquella publicación de tirada a nivel nacional y periodicidad mensual, el resto son fanzines camuflados costeados via subvención, fundación, a base de sacrificios personales o en el mejor de los casos con un mecenazgo, ejemplos hay muchos, "Banda aparte", una revista ilegible, a precio desorbitado, pedante hasta decir basta, que desapareció de la misma forma que había existido, sin dejar huella, otras perduran cual guadianas, si es que perduran, lo desconozco, "Trama y Forma", "Nosferatu", "Archivos de la Filmoteca", encontrarse por casualidad con un número nuevo siempre constituye una sorpresa, una especie de continua resurrección, exáctamente lo mismo que sucede con las revistas online, que están ahí pero como si no estuvieran, dando la sensación de que cada número va a ser el último, pensar que algún lector va a estar aguardando expectante, ansioso, durante un mes, dos meses, o un trimestre, la aparición de un nuevo número es de una ingenuidad digna de mejores empresas, el lector internero de cine sacia día a día su desmesurada curiosidad, su ansia de novedades, y recibe cada número con la impresión de estar leyendo un catálogo descatalogado.

Las revistas online se auto-otorgan una seriedad, una importancia, que el lector, hojeador, desde luego no les concede, ya no digamos la condescendencia con que los alaban sus hermanas mayores, fenómeno que solo sucede cuando algo no constituye una amenaza, competencia, incluso en los títulos de crédito virtuales ponen consejo de redacción, dirección y redactores, realmente entrañable, me temo que no convalidan en la vida real, tratan de revestir de profesionalidad, algo imposible ya que ser crítico no es una profesión, lo que es un ejercicio puro y duro de amateurismo, en la mayor parte de los casos totalmente altruista, no remunerado, pero es lo que tienen los sucedáneos, que es lo mismo, pero no es igual, sobretodo para los propios responsables del invento, del chiringuito, al lector, al hojeador, le traen sin cuidado las secretas aspiraciones, ambiciones, de sus miembros, secretas entre comillas, a voces, porque todo el mundo sabe que los integrantes de estas revistas digitales pretenden que su participación en ellas sea un trampolín hacia el papel couché, de ahí que la mayoría acaben desapareciendo en un breve lapso de tiempo, bien porque han conseguido su objetivo, las menos, o al constatar que su sueño dorado no ha tenido ni la más mínima repercusión ni de público, ni de medios, muchos estarían dispuestos a escribir en una revista de cine pagando, incluso en una online, muchos se han ganado su puesto fijo de esa manera, demostrando hasta que punto sólo eran un medio, y no un fin, un medio, un escaparate personal, para los aspirantes a crítico profesional, y no un simple, y desinteresado, ejercicio de divulgación cinematográfica.

¿Cuánto durarán las nuevas?, lo que tarden en cansarse de esperar, si realmente les interesara el cine durarían toda la vida, por la sencilla razón de que escribir un par de artículos al mes se hace en una tarde de domingo, pretender trasplantar el mismo formato, un formato en franca decadencia, de una revista en papel a internet es un desperdicio, desaprovechar las posibilidades del medio, una revista en papel no puede actualizar a diario, una revista online sí, y si no lo hacen es simplemente para que no los confundan con un blog, lo que realmente son, un blog en el que sus componentes se creen el culo del mundo, lo que son literalmente, el culo del mundo, como el resto de blogueros, el día que las revistas online, casualmente casí todas ellas dedicadas al supuesto cine de autor, una tarta tan pequeña que no se puede ni dividir en porciones, que se lo digan a los directores que se pelean entre ellos por unas migajas, como alguien les va a reconocer, conocer, si no se conocen, reconocen, ni tan siquiera entre ellos, que casi constituyen, si le sumamos los críticos y los eternos aspirantes a serlo, su única, cainita, y elitista, audiencia.

El día que se centren en difundir y divulgar el cine que les gusta, que les interesa, sin utilizarlo como medio para ganar autoestima, sin tratar de revestirse de un prurito de seriedad, de elitismo forzado, fictíceo, decir que escribes en una revista online no viste ni entre los amigos, trata de decirlo en una entrevista de trabajo y verás la irónica sonrisa del entrevistador, sin complejos de inferioridad con respecto a las revistas en papel, ni de superioridad con respecto a los blogs, escribiendo cómo y cúando quieran sin autolimitarse con el corsé de la plantilla revista, puede que llegue un día en el que esa tarta cada vez sea más grande, haya más espectadores, lectores, que poder repartirse, también más personas que quieran escribir sobre cine, algo que puede hacer hasta un mono, sin amaestrar, ¡oh, fatalidad!, ¡adiós al elitismo!, ¡adiós a las compensaciones narcisistas!, quien busque reconocimiento, conocimiento, fama, escribiendo sobre cine, actividad recreativa, parásita, de segunda mano, donde las haya, que se dedique a comentarista de prensa rosa, esto no es Francia, ni tan siquiera Francia ya es Francia, un conocimiento, un reconocimiento, que tampoco tienen los que escriben en papel couché, ya ni tan siquiera son las niñas bonitas de los directores, sólo de los marginales que se agarran a un clavo ardiendo, un clavo que ni existe porque carecen de capacidad de influencia en taquilla, si no firmaran sus artículos, sus traducciones emboscadas, nadie lo echaría de menos, la crítica de cine, y en general, debería de ser anónima, nada debería distraer la atención de lo realmente importante, las películas, recuerdo que esto es un blog personal, y que no soy crítico ni ejerzo la crítica, soy un marujo, una portera, cinematográfica.

Incluso participar en foros de cine lo consideran rebajarse, aunque se muerdan las uñas en sus casas, son unos culturetas, unos intelectuales, no unos vulgares, y anónimos, foreros, son así de acomplejados, complejo que no tienen los espectadores del mal denominado cine comercial, que si nos dejamos de hipocresías, de eufemismos, engloba a todo el cine, nadie quiere ser no rentable, nadie, que gozan de una vitalidad envidiable y a prueba de bombas, de censuras, lo que provoca que cada vez haya más adeptos, más interesados, en su forma de ver el cine, al menos tienen la ventaja de la comunicación, de no sentirse aislados, lo contrario que sucede con los foros autorales, que parecen muertos vivientes, un chat público entre cuatro coleguitas que ya ni tan siquiera se ríen las gracias, si los aficionados al cine más marginal realmente se abrieran a los demás, sin mirarlos por encima del hombro, sin sentar cátedra, ni estableciendo dogmas, respetando el gusto de los demás, tan subjetivo, aleatorio, caprichoso, como el suyo, su número crecería de manera exponencial, posibilitando que hubiera sana competencia, incluso en las revistas de papel, un anacronismo en vías de extinción, lo mismo que la crítica profesional, que se lo digan a Marías.

La vida ridícula ("La vida sublime" Daniel Villamediana)

Lo prometido es deuda, en la lectora provisoria dejé escrito que en cuanto la viera haría un comentario in extenso, gracias a algún amigo, o enemigo emboscado, del Clan Villamediana

aunque después de vista habría que rebautizarlo como Villamedianía, Manuel Villamedianía para los amigos, he tenido el placer, es un decir, de ver su último amago de película, de vídeo familiar, mejor dicho, la segunda película de Viti, o la tercera si contamos la pajita misógina de "El evangelio", dejémoslo en catecismo pre-conciliar, lo malo de haber conocido a los integrantes del convento es que uno sabe de que pie cojea cada uno y como hacer el reparto de los méritos, y de los deméritos, a estas alturas queda ya meridianamente claro que es Dani quien es el primo de Viti, y no Viti el primo de Dani, o dicho de otro modo, sin Viti no hay películas, con él tampoco para que nos vamos a engañar.

Todos mis peores augurios se han cumplido de manera escrupulosa, milimétrica, rozando casi lo visionario, lejos de empezar a construir su propio camino, el aspirante a director de cine Manuel, a este paso eterno aspirante, ya tiene sobrada experiencia en otros campos, sigue chupando de la cinefilia, y tirando, mamando, de la teta de Viti, su único sostén creativo, recreativo, a Viti entre unos y otros le están quemando antes de tiempo, eso y que le gusta más un espejo que a un tonto una tiza, que aproveche ahora que todavía puede disimular el cartón, como ya profeticé, tirar de homenajes es algo que se puede perdonar, asumir, en una primera película, en una segunda ya empieza a escamar, a mosquear, a resultar sospechoso, la tradición está muy bien, faltaría más, pero siempre y cuando se utilice como caldo, no como colchón, para hacer algo nuevo, diferente, Erice, Oliveira, Rohmer o Benning, pueden utilizarse como punto de partida, pero nunca como meta, y mucho menos como desarrollo, Manuel da vueltas reverenciales en círculo a lo Guerín, sin atreverse a nadar solo sin manguitos, sin flotador, bien por cobardía o porque sencillamente no sabe nadar, empiezo a inclinarme por la segunda opción.

Aunque los miembros de la logia, y sus correligionarios los tunos virtuales, se empeñen por activa y por pasiva en emparentar "La vida ridícula" con "El sur" de Erice, en un burdo intento de atraer, manipular, la atención del espectador, del mismo modo que hicieron con el cebo, reclamo, José Tomás en "El Brau Blau", una estrategia de marketing bastante deshonesta, la idea de la película no nace precisamente de "El sur", sino de otra película mucho más reciente, casualmente de otro ex-vallisoletano, "Un lugar en el cine" de Alberto Morais, con la cortina de humo de "El sur", y que el documental no lo ha visto ni el tato, quieren hacer tapar semejante plagio, comparen ustedes ambas películas, tanto en estructura, contenido, como ideología, y vayan corriendo a un Juzgado, si en "El Brau Blau" consiguió disimular a duras penas, de mala manera, "La libertad" de Lisandro Alonso, aquí se ha limitado a cambiar el título.De las contradicciones internas del vídeo, y del aspirante a director, ya han hablado alto y claro, largo y tendido, unas cuantas personas, así que no voy a incidir sobre ello, simplemente haré una miscelánea para que sirva de orientación, de ilustración, quien quiera ampliar el tema que navegue por la red, o que se lea mis posts anteriores, El espíritu del membrillo, y ¿El nuevo cine español es de derechas?, azarosamente hoy, 20-N, que si bien son generalistas pueden ser aplicados punto por punto, en mi caso coma por coma, al gatillazo que nos ocupa."O realizador espanhol trabalha dentro das novas coordenadas do documentário que cruzam percursos históricos e pessoais, seguindo o percurso do Norte ao Sul de Espanha do poeta andaluz Víctor Vázquez em busca do segredo de um avô. Mas tudo tomba muito rapidamente numa sequência de pretensiosos diálogos socráticos e planos contemplativos onde o que se quer sincero e significativo cai no diletantismo vão e pedante. Poetas andaluzes de agora? Não, obrigado". Jorge Mourinha. público.pt"

Ya estoy muy cansada de esas películas -que ahora abundan- sobre jóvenes desocupados o aburridos que salen al camino en busca de alguna pasión que no tienen adentro. En la Viennale vi tres: Estrada para Ythaca, trabajo colectivo de cuatro directores y actores brasileños, totalmente intrascendente y vacío, A espada e a rosa, del portugués Joâo Nicolau, proyectado en una sala llena que de a poco fue despoblándose, una comedia que juega con el absurdo, en la que el viaje se realiza en una nave pirata, y se abordan temas como la amistad, los sueños y la droga, y la más atendible, aunque no me convenció totalmente, La vida sublime, del español Daniel Villamediana.

Cuando vi su anterior El brau Blau en el BAFICI de 2009, ese film me había parecido un buen ejercicio casi experimental, un unipersonal de un asceta solitario obsesionado con el toreo, que asume el entrenamiento como una meditación trascendental. En La vida sublime, desde el título todo parece demasiado ambicioso o falso: el protagonista, otro aburrido, decide ir en busca de una pasión. En verdad, quien sí tuvo una pasión fue su abuelo, y él sigue sus pasos desde Castilla la ocre (¿qué tienen de malo los ocres castellanos?) a la luminosa y colorida Andalucía. Ello da motivo a buenas imágenes turísticas, entrevistas a diversos personajes que, si bien con gracia, hablan con una superficialidad que impera en todo el film. En fin, para mí, la pasión es otra cosa". Josefina Sartora. Otros cines."Lo cortés quita lo valiente. Además de la lentitud intrínseca que ha adquirido esta serie —que se desliza hacia ninguna parte con la velocidad de los caracoles de nuestro jardín— creo que quería retrasar este momento, que es el de hablar de La vida sublime, la película de Daniel Villamediana. No conozco al director más que por e-mail pero es un compinche de Alvaro Arroba, quien aparece al principio de la película.

Y no solo aparece Arroba, también el chino Minke, con el que almorzamos en un tugurio oriental de Madrid hace un par de meses. Pero ya desde esa entrada en escena, uno se da cuenta de que las cosas van mal. Es decir, la película se deja ver, tiene planos bonitos, transcurre en una calma que invita a la contemplación del mar, de las praderas y las ruinas. Pero Villamediana vende gato por liebre: es alguien que cree que la verdad se puede reemplazar por su leyenda, como si hubiera entendido mal el print the legend fordiano, que es todo lo contrario de una instrucción para ocultar las contradicciones detrás del mito y vivir consolándose con él. Arroba aparece contando que recibió misteriosamente por correo el guión de una película nunca filmada de Víctor Erice y allí glosa la belleza de los planos de ese film fantasma. Estoy un poco harto del culto de Víctor Erice, que dejó de filmar por propia voluntad (podría hacerlo cuando se lo propusiera), pero sus amigos, discípulos y seguidores se empeñan en convertirlo en un director maldito al que los productores le cortaron la carrera.

Villamediana y Arroba deberían saber, además, que una película no se reemplaza por su guión, pero la anécdota tiene esa componente fetichista que acompaña toda La vida sublime con su mitología de ocasión, construida a partir de las circunstancias más banales. El resto es más de lo mismo, pero en otros departamentos. Villamediana reconstruye un viaje al sur de España que hizo su abuelo en 1940. Según cuenta la abuela, fue allí para asumir como miembro de la Guardia Civil después de la guerra, pero se volvió a los pocos meses por razones desconocidas, relacionadas al parecer con un asunto de corrupción. La película aprovecha para recorrer paisajes soleados, entrevistar a personajes pintorescos y poner en escena al actor principal (un primo del director) que intenta averiguar si era verdad que su abuelo era bueno peleando y si es posible comerse noventa sardinas como decían que había hecho el viejo. Esa escena (con una elipsis en el medio, no lo vemos comer más de veinte) recuerda a Paul Newman y sus huevos en La leyenda del indomable, pero es lo más cerca que está Villamediana de averiguar alguna verdad.

Se intuye que el viaje y la fuga del abuelo tuvieron su costado sórdido, pero no hay ninguna intención de revelarlo (no estamos precisamente frente a la abuela de Eustache sino frente a una anciana feliz, filmada en un sitio abstracto). En cambio, se nos obsequia con una serie de discursos engolados sobre la España eterna, sobre las culturas ancestrales que flotan en el aire y otras solemnidades que Villamediana trata con el mismo empaque de falso castellano (en el fondo sería peor si fuera de castellano verdadero) con el que otro personaje discurre sobre el arte del toreo en Valladolid. Hay un momento de la película que me resultó particularmente irritante.

Un personaje, con aires de tipo avisado, suelta un largo discurso contra los anarquistas. El protagonista lo interrumpe para decirle: “Yo sé con quién hubieras estado tú en el 36…”. Dado el contexto, la frase tiene dos continuaciones posibles: “con los comunistas” o —más probablemente— “con los franquistas”. Pero esa parte nunca se pronuncia. En cambio, termina de esta manera: “habrías estado detrás de una mujer”. Y el otro responde: “pues claro”. Espantoso. Villamediana se rehúsa empecinadamente a que su película contenga algo incómodo, algún filo, una pequeña contradicción. Prefiere en cambio que la Historia se vaya diluyendo en el turismo, en la familia, en las esencias ibéricas. Confunde así la siempre bienvenida amabilidad de un cineasta con una cortesía forzada y exterior. Sospecho que ese cine cortés es lo que en el fondo están haciendo los cineastas españoles de festival, desde Guerín hasta Lacuesta. Un cine en el que la sensualidad de los exteriores soleados, los planos largos y las mujeres bonitas pasa por sublime. Pero la vida no es sublime salvo desde la hipocresía. Villamediana.

La verdad es que la película así contada, con esos matices de ironía, suena mucho mejor de la que yo vi y tal vez debería verla de nuevo. Pero el personaje se come efectivamente las sardinas (o casi) —la escena es solemne e interminable— y que no pueda torear (¿qué se supone, que mate dos toros?) ni pelearse (ídem) es parte del tono evocativo de los tiempos idos: justamente ese es el tono de la película, esa cosa dulzona con el pasado, con el mito, aun si ese pasado no existió porque da igual (nunca sabremos como fue realmente, porque por algo es mito y allí contradice lo de Ford). Pero me parece que ese matiz de distancia o de ironía, esa idea de que estás “haciendo hablar a las generaciones actuales” es por un lado pretenciosa (sos vos el que decide “lo que queda de la Historia” y lo que piensan esas generaciones) y por otro insuficiente: no es una crítica ni una iluminación sino un intento de ganar en los dos terrenos mediante una ambigüedad que solo se advierte mediante guiños (que Cádiz no tiene fronteras, que a Víctor lo derrota la vaquillona), guiños que están más dirigidos hacia el espejo que hacia el espectador. Para poner un ejemplo, es la película (y no los personajes) la que se rehúsa a hablar de política y tu argumento de que hay un culto con los anarquistas entre no sé qué grupos y por lo tanto merece que tu film los vapulee al paso, requiere de un conocimiento del ambiente en el que la crítica a esos grupos tienen alguna pertinencia.

Pero eso no tiene nada que ver con lo que piensan los personajes, allí la película baja línea. Ese desdoblamiento es permanente. Por un lado, te burlás del afán del protagonista y, por el otro, sostenés que en el cine español nunca se habla así del descubrimiento de América, como si la película se desdoblara cuando conviene entre un punto de vista y otro, entre lo que se dice en serio y lo que merece burla. Que “La vida sublime” sea un título irónico, que el viaje del abuelo nunca haya existido es parte del problema, porque no hay nada que desmienta el empaque de los discursos ni el encuadre ampuloso de cada escena en esos magníficos paisajes, ese aire de vacaciones al sol, empezando por el rollo ese del guión de Erice, que empalma perfectamente con todo el resto: ¿o la admiración por Erice también es irónica? Si así fuera, si la película se tomara un poco en broma al director y no solo al primo tonto, estaríamos hablando de otra cosa.

Porque el guión de Erice resulta efectivamente sublime en el modo en el que se lo evoca y de allí arranca la película.

Tu descripción de la película me parece mucho mejor y más coherente que la película misma. Esa apuesta a la libertad es lo que precisamente ha negado el director en este blog, tratando al abuelo de mentiroso y al nieto de tonto. Pero eso se ve en la película, donde de la aventura del abuelo no se sabe nada y se reduce poco menos que a comer sardinas al sol y sentirse harto. Y sobre la guerra civil y su leyenda, lo que queda en la película es una formidable diatriba contra los anarquistas, desde la consabida monserga de que eran mejores los comunistas o aun los fascistas (esas frases antilibertarias podrían pronunciarse desde cualquiera de las dos posiciones). Esa la única voz politica que se escucha en el film y es también una lección que le dan al protagonista para que no ande coqueteando con libertades. Después se cambia de tema abruptamente. Para mí Villamediana está muy confundido con respecto a lo que quiso hacer y parece muy influido por dos concepciones autoritarias. La de la derecha esencialista española y la de la corrección cinematográfica (la escuela que venera a Erice y va produciendo cineastas amanerados y reprimidos, que temen el reproche de sus maestros pero a su vez también enseñan y contribuyen a reproducir el sistema) y esa mezcla produce el bodoque que es La vida sublime.

Un bodoque amable, es cierto, con momentos gratos y muy confusa. Creo que el cine español tiene un verdadero problema. Por un lado, su versión oficial, dominada por productores mafiosos y críticos analfabetos es verdaderamente deplorable y fascista: con el poder que tienen dedican enormes esfuerzos a evitar la emergencia de los jóvenes y de los independientes. Pero en los últimos años los del lado de afuera han adoptado también una actitud corporativa: se mueven en banda, se elogian entre ellos y hasta atacan en grupo, como fue el episodio de la absurda solicitada contra Boyero y la libertad de prensa. Ese grupo tiene un ícono, patriarca y mito fundador que es Erice (firmante de aquella solicitada) y por eso la película de Villamediana con la nefasta aparición de mi amigo Arroba (o ex amigo, él verá), que contribuye una vez más a adorar al maestro, me pone de muy mal humor. Es explicable que los que no están en el sistema se junten y se protejan, dado el maltrato del que son objeto. Pero las películas que están haciendo no están a la altura de su desafío al sistema, sino que deja al descubierto simplemente la intención de reemplazarlo por otro. Por afuera de ambos grupos está Albert Serra, el gran cineasta español del siglo, al que gente como Lacuesta odia como a nada en el mundo". Quintín.

La lectora provisoria“I suoi risultati sono ironicamente maldestri, come alle volte è maldestro il film nel perseguire troppo didascalicamente questo suo gioco: è il caso per esempio dell’abbuffata di 90 (novanta) sardine che il nonno fece per scommessa, che il nipote ripete e che il film spiattella forse con poca grazia. Più in generale, il rimpallo continuo intervista/paesaggio è un po’ rigido. ” Marco Grosoli"Por último, el único largometraje español presente en el festival, en la sección Cineasti del presente: La vida sublime, del vallisoletano Daniel V. Villamediana. Con referencias explícitas en el filme a El sur, de Víctor Erice, y entiendo que con el deseo de capturar la esencia de los paisajes por los que se mueve, La vida sublime traza el viaje de un individuo, interpretado por Víctor Vázquez, tras las huellas de su abuelo, que vivió en el Cádiz posterior a la Guerra Civil española.

Se trata de un filme discursivo, muy basado en los diálogos que el protagonista mantiene con diversos personajes, así como en imágenes más o menos estáticas de los lugares en que se encuentra: el paisaje castellano, Sevilla, Cádiz y su costa. Aunque tiene poco que ver, no puedo dejar de pensar en Jim Jarmusch y en su Los límites del control (The Limits of Control), en la que también un personaje viaja y en cada lugar mantiene una charla con diversas personas. Mi problema con La vida sublime es que, sobre todo en su primer tramo, las conversaciones me resultan forzadas y, en cierto sentido, un recurso fácil para explicar cosas que es más difícil expresar cinematograficamente.

A partir del viaje al sur, en cambio, encuentro tanto los diálogos como las imágenes más interesantes y fluidas. Mientras en la película de Jarmusch el problema estaba más en en el fondo que en la forma, creo que a La vida sublime le falta elaboración para que sea una auténtica experiencia cinematográfica.

Resulta demasiado teórica en su estructura y en su puesta en escena; no encuentro un sentimiento genuino en el movimiento del personaje y sí algo de impostura.” Jaime Menchén López. Otros cines"Esto en cuanto la opinión de los demás, la mía relativa al fragmento es la siguiente, me irrita profundamente la falsa naturalidad que transmite, y el exceso de frigidez, de rigidez en la forma, que tiene mucho de entrevista televisiva, cualquier episodio de la serie de Labordeta “Un país en la mochila” derrocha más sensación de autenticidad, de honestidad, da la sensación de que quieren encajar un determinado discurso dando la impresión de que surge sobre la marcha, y da justamente la impresión contraria, de que queda encajado, encajonado, de que están haciendo tiempo para soltar el mitin, Viti empieza a coger vicios de actor, lo de los boquerones al leerlo la primera imagen que me vino a la mente como a Quintín es “La leyenda del indomable”, algo que ni es ni bueno ni malo, la mayoría de películas están llenas de homenajes y ya se ha convertido en un lugar común, y aceptado, poco más puedo decir del fragmento, que realmente no me ha dejado con ganas de más, estoy bastante cansado de las ficciones documentales que no son ni una cosa ni la otra, que se quedan a medio camino, o en la cortesía como diría Quintín, que ciertamente lo cortés quita lo valiente, sólo con este trozo me temo que nos encontramos con otro ejemplo de cine membrillero.

En cuanto al discurso sobre el anarquismo lo dejo en infantil, por las dos partes, es un tema que tengo más que claro y sobre el que he escrito largo y tendido pero como se trata de hablar de cine y no de política pues no voy a aburrir al personal con mis discursos, me limitaré a mostrar mi perplejidad de que a alguien que aspira a introducirse en la Guardia Civil se le pueda poner el apelativo de anarquista, a lo mejor soy un purista pero rechina.

De Erice poco que añadir, todo el mundo sabe que sigue haciendo cortos y dando conferencias, pero me temo que todos cuando hablamos de cine nos referimos a largos, debe de ser un prejuicio cultural que nos lleva a menospreciar tanto los cortos como los cuentos, aventurar porque no sigue rodando películas es arriesgado pero cada cual puede formular su opinión, la mía es que parte del toque Erice se debía a la brillante escritora Adelaida García Morales, su ex-mujer, y al gran crítico y mejor guionista Ángel Fernández Santos, fallecido hace unos años, en semejante situación se encuentra Regueiro, que sin él se ha quedado huérfano, eso y que a Erice es más que probable que le pese su propio nombre, cosa lógica cuando se ha brillado a la altura que él ha brillado, que él no haya fomentado ese mito es lo de menos, el mito existe y de nada vale negarlo, pretender imitarlo, emularlo, como están haciendo varios directores, todavía no sé si puedo incluir a Dani, pues me parece un gran error, porque una cosa es respetar la tradición, y otra muy distinto tratar de vivir de ella, vampirizándola, como hace Guerín o Lacuesta entre muchos otros, quien opine que Erice es una mierda está en su derecho, además que Erice no ha inventado nada, sin Tarkovski sus películas no existirían, así que está bien admirarlo pero en su justa medida, que de Dios intocable no tiene nada.

Vayamos ahora a las palabras de Dani, de primeras una vez que expones tu trabajo al público no te queda otra que aguantar las críticas, las opiniones, de los demás, te guste o no te guste oírlas, a eso se le llama respeto al espectador y capacidad autocrítica, lo que es justo o no es justo lo decide cada uno, no el director, por mucho que añada un creo cínico, creo que se repite en varias ocasiones de forma premeditada, prefiero cien veces a una persona que va de cara como Quintín que a alguien que utiliza la hipocresía, que señales a “Lejos de los árboles” como ejemplo de cine no cortés es para partirse, porque es precisamente lo que es “Lejos de los árboles”, una película cortés, diría más reaccionaria, es la visión condescendiente, por encima del hombro, de un señorito catalán sobre la España profunda, de la que Jacinto Esteva se queda en la mera superficie, en el mero sensacionalismo, en el puro morbo, sin tratar de comprender, sin saber comprender, “Lejos de los árboles” es pintoresquismo para turistas y culturetas, lo que parece ser “La vida sublime”, así que en ese sentido alabo la completa coherencia con tus gustos, ya que ese falso print de legend anti-fordiano, o fordiano mal asimilado, también recorre “El Brau Blau”, película que por cierto no me ha gustado nada, el día que hagas algo que me parezca interesante no dudes ni por un segundo que también te lo haré saber, mi compromiso con el cine es absoluto, con los conocidos, ninguno, cuando tenga la oportunidad de ver la película haré un comentario sobre ella in extenso en mi blog. Se me olvidaba: “No huyo de la Historia, la película está impregnada de ella, mucho más que cualquier otro filme español”, el cine ya está inventado, y el español también, tu visión complaciente de la historia, y de tu propia película, poco tiene que ver con arriesgadas películas como “El desencanto” de Chavarri o “Las bicicletas son para el verano”, entre muchas otras, lo de salvadores de la patria dejarlo para los falangistas. Prosigo.

Retomando la brillante idea de Quintín del cine cortés, igualmente se podría denominar cine light, que no engorda, no incomoda, pero tampoco tiene sabor, cuerpo, alma, algo que sólo se consigue no huyendo de los extremos, de lo que irrita, escuece, la verdad, la propia no la de los demás, del toro, de la historia, con minúsculas, la del abuelo, lo que viene siendo la hipocresía, maquillar la realidad, edulcorarla, endulzarla, para evitar molestar a nadie, para dejar a todo el mundo contento, crear una realidad falsa, indolora, incolora, correcta, a la medida, a la carta, según el interlocutor, la estrategia del pelota, del chaquetero, del seguidista, del arrastrao, y no por un exceso de empatía o generosidad con el prójimo, sino para asegurarse una vida tranquila, apacible, cómoda, sin contrastes, sin contrapuntos, una vida en la que nada es lo que parece porque todo son apariencias, leyendas, leyendas creadas para tratar de sobrellevar tanta mediocridad, personal, tanta falta de hondura, de honestidad, lo que torticeramente se denomina sublimar, que no es otra cosa que rellenar la realidad a base de levadura, de maizena, burda exageración, fantasmada. Cansa la absoluta falta de capacidad autocrítica que tiene la mayoría de directores, lo que viniendo de un crítico, al menos así se autodenomina, todavía es más sangrante, la culpa es siempre del espectador, que el pobre no llega, que no es capaz de meterse en la cabeza del director para saber cuales eran las motivaciones verdaderas que subyacen en cada plano, el espectador tiene que interpretar exactamente lo que quiere que interprete el director, la única libertad que se le deja al espectador es que abra los ojos, eso sí, luego se llenan la bocaza diciendo que su cine respeta la inteligencia del espectador, se ve que la libertad está reñida con la inteligencia.

Aburren los directores que tratan de explicar uno a uno sus planos, como ha hecho recientemente Albertito Serra, tomando al espectador por idiota, la manera más ridícula, patética, infantil, de tratar de imponer la opinión privilegiada, su opinión privilegiada, e interesada, me son indiferentes las motivaciones que tuviera el director para hacer la película, su intrahistoria, cuales eran sus aspiraciones, sus intenciones y sus problemas personales o económicos, me traen sin cuidado, da la impresión de que aspiran a que veas sus películas de forma benevolente, condescendiente, pidiendo perdón de antemano, buscan forzar empatía con el director no con la película, la película, nos intentan vender fraudulentamente, no es tanto el resultado como lo que realmente pretendían hacer, es esa otra película, la invisible, la inexistente, la que tiene que captar el espectador, la otra, la física, hay que pasar por ella de puntillas porque sólo es un boceto de lo que el director quería contar, te sirven un queso de Gruyére pero luego resulta que era un puzzle, nos ha jodido.

Si un espectador cualquiera, y en este caso ya hay tres y cada uno de su padre y de su madre y de diferentes nacionalidades, no ha captado una supuesta ironía, lo más probable es que la culpa sea del director que no sabido comunicarla, transmitirla, no nos vendas la película como una búsqueda espiritual del mito, para acto seguido, cuando se te cuestiona esa búsqueda, transformarla en una película crepuscular, irónica, melancólica, que trata de derribar ese mito, a ver si te aclaras, que desde luego el espectador lo tiene muy claro y no ha picado, la ironía no es colchón salvavidas con el que encubrir todas las contradicciones, todas las incoherencias, otra cosa que no comprendo es porque ostias tengo que saber que el Viti es el primo del director, o que en la película sale su abuela verdadera, voy a ver una película no a leer un diario, sólo me interesa el mundo cerrado que transcurre en ella, si lo que veo es realmente honesto, auténtico, me dará esa sensación de algo cercano, familiar, pero no me digas de antemano que lo que voy a ver es una historia privada, familiar y honesta, no predispongas mi mirada, soy yo, el espectador, el que decide lo que es verdad y lo que no es verdad, al margen de que sea real o inventado, que una mentira bien contada, una ficción, es más verdadera que muchos falsos documentales, o que muchas falsas ficciones.

Tampoco me interesa si el protagonista es un amante de los toros o el director se quedo extasiado viendo una corrida, que no me vendan la milonga de la palabra personaje cuando por activa y por pasiva me tratan de vender a la persona, al sujeto, real, pero resulta que si la persona es incoherente o sin sustancia el problema es achacable al personaje que es así, venga hombre que no nos chupamos el dedo, es lo tiene jugar con la falsa ficción, con el falso documental, que es un engaño al espectador, una forma de manipulación que lo único que trata de encubrir es la falta de valor para abordar una ficción pura o un documental puro, el quiero y no puedo que acertadamente Quintín ha denominado cortesía.

Pero resulta que hay que poner toda la película en entredicho y prescindir de su pretendida operación mitificadora porque finalmente no enteramos por palabras del director de que todo es un invento de la abuela, algo que yo como espectador que no es miembro de la familia del director tengo que conocer o al menos intuir, ya sabemos como son de mentirosas las abuelas, es el director el que me tiene que hacer ver, que mostrar, que la abuela miente, que lo sepa él me trae sin cuidado, a menos que la película la haya hecho para él y su familia que entonces si tiene un sentido, en una película no se puede dar nada por sabido, ni tan siquiera cuando se habla de anarquismo, de la Guerra Civil, del “descubrimiento de América” o de situar Cádiz en el mapa, algo que puede llegar a saber un español medianamente informado pero que no tiene porque conocer un suizo o un taiwanés, el espectador acude a la sala en blanco, y es el director el que tiene que llenar con información, con desinformación, ese vacío, ya sea con imágenes, lo más difícil, lo más valiente, o mediante diálogos, discursos, mítines, lo más fácil, lo más cómodo, resulta cargante tu romántica, frívola, superficial, visión de la historia de España, visión que por lo visto refleja la de las nuevas generaciones, será las del PP, desde luego la mía no, la mía no es tan maniquea, prefiero la reelaboración de la historia de España del facha Pío Moa que al menos provoca indignación, reacción, los dos.

Me refiero a los contertulios del bar, hablan de la Guerra Civil con la ligereza, complacencia, con la que podrían hablar del tiempo, pero claro está, es irónico, y son los pensamientos del personaje, no del director, aunque no haya un guión previo, los dos interpretan un papel y se limitan a recitar un discurso escrito previamente que para nada les representa, las palabras autenticidad, honestidad, o responsabilidad, del director con las decisiones que ha tomado ya que es él quien la ha dirigido y supongo montado, no son las primeras palabras que me vienen a la mente, por supuesto todo lo dicho es extrapolable a muchas otras películas del reciente cine español, si con 6 minutos ya he detectado todas estas paradojas, incongruencias, miedo me da lo que me puedo encontrar cuando la vea, ya para terminar el nombre de Buñuel no se mienta en vano, Buñuel jamás hizo paisajismo. P.D: Por cierto chirría, y mucho, ver en la imagen de la película la marca Adidas y una camiseta de beisbol americana, incluso aunque sea irónico, que lo dudo, da un poco de yuyu". Yo mismo.

Por mi parte nada más, es la última vez, salvo que tenga que dar réplica, que pierdo mi tiempo, mucho más del que les dediqué a su etapa de fanzineros, viendo, y comentando, las desventuras de Viti y sus primos, que hagan otros leña del árbol caído, suficiente tengo con tratar de plantar los míos, que nada, ni nadie, me inmuniza, de que no equivalgan a plantar un pino, un madero, en argot castizo, cagar.Larga vida al Cuco, y al Pajarito, dos hombres.P.D: Tampoco me equivoqué con "Aita", descanse en paz José María de Orbe.

"Todas las canciones hablan de mí" Jonás Trueba

De primeras con el título se apunta un tanto, destila honestidad, verdad, es algo que cualquiera ha sentido, que cuando estás jodido, todo lo que te rodea es una gran conspiración para recordarte a cada segundo, a cada paso, la causa de tus males, generalmente amorosos, el resto de males son demasiado reales, concretos, materiales, como para suscitar ensoñaciones.

La nostalgia es el sentimiento más cómodo, más egoista, un refugiarse en el pasado, en uno mismo, que no conduce a nada, que es mera condescendencia, conmiseración, victimismo, un no cuestionarse, aceptar las ostias de la vida con cobardía, mirando hacia otro lado, achacándolo todo a la fatalidad, a la mala suerte, una negación del presente, y de las propias culpas, siempre es más sencillo negar la realidad que afrontarla.

La mayoría de las personas se regodean en la nostalgia, idealizan su pasado, craso error, alguien que desprecia el presente sólo puede construirse un pasado fictíceo, hecho a su medida, a su desmedida medida, sólo se siente nostalgia de lo que se ha perdido, mejor dicho, de lo que nunca se ha tenido, quien ha vivido, y vive, no mira hacia atrás con suspiros, integra su pasado en el presente, sin saltos temporales, ni espaciales.

El pasado sólo hay dos formas correctas de afrontarlo, con, o sin ira, destruyéndolo para construir un nuevo presente, echándolo fuera, centrándose en lo negativo, vomitándolo, convirtiéndolo en algo externo, ajeno, rompiendo todos los vínculos, eliminando los recuerdos, o simplemente aceptándolo, con estoicismo, con pragmatismo, lo más difícil, lo más sano, lo más inhumano, en ambos casos lo que prima es el presente, un esfuerzo por no perderlo, por no desperdiciarlo, la nostalgia es un espejo deformado, empañado, con persianas, sin ventanas, sin patía.

Dicho lo cual, quien sea nostálgico peor para él, y para quienes le tengan que sufrir, no confundir con depresivo, el depresivo es un negador del pasado, del presente, y del futuro, es un absolutista de la negación, un nihilista, lo que no parece ser Jonás Trueba, más bien se queda en tristón, nada que alegar, hay muy pocos motivos para ser la alegría de la huerta, en lo que ya no estoy tan de acuerdo es en lo de establecer que unas películas remiten a otras, que lo normal es que dialoguen entre ellas, que el cine actual se reduzca a una especie de reelaboración mítica, mitificada, de pastiche cuajado de citas, de plagios, de todo el cine anterior.

Falso, eso sólo sucede con las películas malas, y las mediocres, la mayoría, las buenas sólo remiten a sí mismas, o como mucho, a otras películas del mismo director, de ahí que haya tan pocas obras maestras, y tanta morralla, tanta medianía, "Todas las canciones hablan de mí" bebe de demasiadas fuentes, sin llegar al extremo de "La vida sublime", que hasta para rodar una simple fuente necesita plagiar a Val del Omar, como para ser considerada una película personal, propia, algo que en el fondo puede ser buscado, y coherente, con el título, que debería ser cambiado por, "Todas las películas hablan de mí", o peor aún, "Todas las películas hablan por mí".¿La película es mala?, no, ¿la película es buena?, tampoco, es una película meliflua más, sin sangre, que se sumerje de lleno, sin complejos, sin ocultarlo, en el cajón desastre de la cinefilia, el gran escudo del cine español actual, y de gran parte del anterior, que se lo digan a su familia, un parapeto que impide la realización de películas rematadamente malas, y que trae como contrapartida la absoluta imposibilidad de la aparición de miradas nuevas, arriesgadas, personales, de obras maestras, o al menos de culto,

"Todas las canciones hablan de mí" es un ejemplo más de película de clase media, pequeño burguesa, que no se averguenza de serlo, ni pretende aparentar lo que no es, y en eso reside su grandeza, su tibieza, de ahí que no se pueda hablar de película fallida, ni va de sublime ni cae en el ridículo, lo que la garantiza un público más que numeroso, por la sencilla razón de que tanto Jonás Trueba como el 100% de los espectadores, e incluyo al 99% de los directores, son, somos, según el día, unos mediocres, unos quijotes en zapatillas.

"Fortunata y Jacinta" Mario Camus

No confundir con la película de Angelino Fons, que nada tiene que ver con Galdós, ni con una película, y desde luego la culpa no es de Galdós, que es un genial creador de personajes, de arquetipos, algunos de los personajes más potentes de la historia del cine español salieron de su pluma, Viridiana, Tristana, Nazarín, Jacinta, porque Fortunata y Jacinta es cine, no televisión, y muchos otros personajes que todavía no han tenido una adecuada traslación al cine, por encima de todos Nela, Marianela, un personaje de una grandeza sobrenatural, Galdós es el Shakespeare español, y somos tan pardillos, tan subnormales, que somos incapaces de verlo, de valorarlo, de explotarlo, cinematográficamente, sólo cuatro directores tan desprejuiciados como Buñuel, Camus, Olea, y Regueiro, no incluyo a Garci porque no le considero director de cine, han sabido apreciarlo, e ir más allá de los tópicos, del supuesto realismo de Galdós, que de realismo tiene lo justo, a menos que consideremos el romanticismo, el socialismo utópico, como algo real.

El error de las adaptaciones de Galdós es tomar sus novelas como históricas, y no como lo que son, novelas de sentimientos, idealistas, incluidas los Episodios Nacionales, que no han perdido un ápice de vigencia, ser fiel a sus libros no es situarlos en el siglo XVIII, es ser fiel a sus personajes, y para eso no se necesitan trajes de época, ni reconstrucciones, si se actualizaran las novelas, y las obras de teatro, de Galdós, la crisis del cine español se acababa de raíz, porque Galdós es un filón de talento inagotable, un filón sin apenas explotar que no tienen otros países, la teta de Valle Inclán, de Azcona, ya está seca, sobreexplotada, y sólo dio buenos resultados durante la dictadura, empeñarse en hacer cine reaccionario, esperpéntico, en plena democracia no tiene sentido.

Hace tiempo que las vanguardias ocupan la retaguardia, las témporas, la forma de salir del callejón sin salida en que está sumergido el cine español es volviendo a los orígenes, a los sentimientos, a los personajes, a las historias, las formas de moda, el formalismo, como demostró la Escolanía de Barcelona tiene una fecha de caducidad muy limitada, continente sin contenido es garantía de amateurismo, de fracaso comercial, y de público, un cine sin público no es cine, son pajitas, en público, exhibicionismo, onanismo, del mismo modo que una novela sin lectores es un vulgar diario, el presente, y el futuro, son Galdós, y Unamuno, las piedras miliares de la regeneración espiritual castiza, castellana, del cine español, y de Europa.A destacar las extraordinarias actuaciones de Mary Carrillo, y Maribel Martín, las dos actrices más desaprovechadas de la historia del cine español.

Mikio Naruse

La resurrección de Naruse, al menos en España, se produjo en 1998 gracias al Festival de San Sebastián y a la Filmoteca Española que ofrecieron sendas retrospectivas de 39 películas, hubo otro ciclo de la Filmoteca de 20 películas en 1984 que no tuvo ninguna consecuencia excepto para Marías, aunque hablar de resurrección no sería un término adecuado porque para resucitar hay que estar muerto y previamente vivo, y Naruse en España jamás estuvo vivo salvo algunos artículos y proyecciones muy aisladas que en ningún caso tuvieron la más mínima repercusión pública.

Para ser exactos, justos, la verdadera resurrección no la provocaron dichos ciclos, ya que sólo pudieron acceder un número muy reducido de espectadores que se encontraban presentes en esas dos ciudades, sino el libro que se editó con motivo del ciclo y que fue el que verdaderamente despertó la curiosidad de las personas que jamás habían oído hablar de su nombre, por ejemplo yo, la resurrección completa, mejor dicho el verdadero nacimiento, se ha producido gracias a los programas de intercambio, y en concreto gracias a los ripeadores franceses, que han podido mitigar esa curiosidad, incluso saciarla, porque a disposición del espectador más voraz se encuentran 47 naruses en la red, y subiendo, una cifra imposible no ya en 1998 sino en 2008, el papel que antes cubrían, de forma muy parcial, fragmentaria, arbitraria, aleatoria, caprichosa, minoritaria, elitista, los Festivales y las Filmotecas, hace tiempo que ha sido superado por la mula y rapidshare, con dos grandes ventajas, gratuidad y universalidad.

El cine ha pasado de la pantalla grande a la pantalla del ordenador, y en mi opinión ha ganado en el cambio, el cine ahora tiene una dimensión humana, antiespectacular, que convierte el visionado de una película en un acto casi íntimo, religioso, algo que lejos de acercarle a la televisión, que a pesar de la irrupción de la TDT sigue siendo un fenómeno masivo, sin ningún matiz peyorativo, una experiencia colectiva, lo emparenta más bien con la literatura, ver una película en la actualidad es lo más parecido a leer un libro, un libro que es probable que sólo estés leyendo tú, o como mucho también un granjero de Wisconsin.

Esto es lo positivo, la posibilidad de ver películas, de escogerlas, se ha multiplicado, lo negativo que al dejar de ser un negocio rentable la posibilidad de producción, de financiación, se ha reducido de forma drástica, convirtiendo la realización cinematográfica profesional en un acto creativo cada vez más elitista, hablo de hacer películas en condiciones, con un presupuesto digno, con un toque personal, no hablo del cine digital, en el que todas las películas parecen filmadas por el mismo director de fotografía, y que ha provocado una standarización de la pretenciosidad, de la estupidez, el relevo del cine convencional desde luego no está en el cine digital, que se ha limitado a llevar la chapuza televisiva a las pantallas, a degradar el cine, del mismo modo que la fotografía digital ha degradado la fotografía convencional, el relevo de momento no está en ningún sitio, ni se le espera, lo bueno de esta degradación, no hablo de los contenidos, ni de la forma, sino de la calidad del acabado, es que se ha producido una vulgarización, en el buen sentido, de vulgo, de la práctica tanto cinematográfica como fotográfica, cualquiera, en cualquier parte del mundo, puede, debe, hacer una película, una fotografía, lo que automáticamente conlleva la democratización del acto creativo y la pérdida de su status elitista, de su aureola de prestigio, y de profesionalización.

Hasta ahí todo bien, el problema es que se ha convertido en algo tan cotidiano, tan rutinario, tan posible, que ha dejado de tener importancia, de ser especial, hacer cine en la actualidad es como hacer pan en la Edad Media, que todo el mundo sabía hacerlo y nadie le daba la menor importancia, valor, lo mismo ahora, ya nadie se impresiona cuando le dices: “he hecho una película”, “he escrito un libro”, lo más probable es que te conteste: “yo también”, el cine, la literatura, se están redimensionando y para su desgracia la nueva dimensión social, económica, que ocupan es cada más reducida, la suerte, que esa esfera es cada vez más cotidiana, más íntima, llegará un día, no muy lejano, en el que hacer películas, la escritura, ocupen el eslabón más bajo de la pirámide de Maslow, el de las necesidades fisiológicas, y me parece bien, muera el arte, y los artistas.

Volviendo a Naruse, el principal inconveniente que tiene es empezar viendo su película más conocida, y reconocida, su obra maestra, Nubes flotantes, salvo contadísimas excepciones, abordar el visionado del resto de sus películas provoca un alto grado de frustración, de insatisfacción, cosa que aún siendo lógica, natural, no deja de joder, de sorprender, gran parte de la culpa, por no decir toda, la tiene la estúpida política de autores que lo único que hace es crear falsas expectativas y juicios a priori, y a posteriori, en todas y cada una de las 46 restantes, he buscado otra Nubes flotantes, y en todas y cada una de ellas, no la he encontrado, lo más cercano, tan cerca que casi se quema, ha sido Onna no naka ni iru tanin (El extraño en el interior de una mujer), otro día hablaré extensamente de ella, y algo más lejos, Nubes dispersas, a pesar del color, y del cinemascope, un recurso impuesto, ajeno, a la moral estética de Naruse, el resto, aunque de la mayoría no he pasado de los 5 minutos, como diría Marías, no me han decepcionado, pero el hecho de que pueda compararlas con otras 400 películas americanas, explica bien a las luces la uniformidad, mediocridad, de la propuesta.

Naruse no es un director de una sola película, excepcional, Nubes flotantes, ni tan solo un buen artesano, pero casi, a lo mejor el problema radica en que el listón se lo puso, nos lo puso, demasiado alto, y no nos queda otra que ser injustos, que compararle consigo mismo, hay directores a los que la invisibilidad les sienta muy bien, Naruse es casi uno de ellos.“Creo que el propio Naruse se ha metido en un aprieto al hacer esta película. Le va a costar hacer la siguiente” Ozu

"Bal" Semih Kaplanoglu

¡PLAGIO DESCARADO DE EL ESPÍRITU DE LA COLMENA Y DE ¿DÓNDE ESTÁ LA CASA DE MI AMIGO?!Claro hombre, Erice inventó la apicultura, y hablar en susurros, como todo el mundo sabe, además que la maravillosa “El espíritu de la colmena” está sospechosamente inspirada, al límite del plagio, en la no menos maravillosa, y prácticamente desconocida, “Cuando el viento silba" de Bryan Forbes, qué decir de Kiarostami, el inventor de la infancia y del plano secuencia, antes de él no existían, por no hablar de que sin “El ladrón de bicicletas” de De Sica, a lo que habría que sumar Tarkovski a Erice y Truffaut a Kiarostami, ambos no existirían, ni todo el cine moderno, ni posmoderno, ¿eso les convierte en unos impostores? ¿en unos plagiarios?, no, el cine es tradición, el arte es tradición, de lo que se trata es de hacer algo diferente, de no repetir, de adelantar unos metros, o unos centímetros, según la capacidad de cada uno, lo que hicieron Erice y Kiarostami, lo que hace Kaplanoglu, a estas alturas el mejor director turco de todos los tiempos, y no lo tenía fácil, Demirkibuz y Bilge Ceylan, la maestría que tiene Kaplanoglu en el uso del tempo cinematográfico, su austeridad, profundidad, narrativa, visual, sonora, sólo es parangonable con Bresson, el único que podría hacerle sombra, Kaplanoglu como Oliveira extrae misterio de la nada, es capaz de inquietar con un simple desenfoque, de sacar belleza, necesaria, de la más estricta cotidianeidad, algo sólo al alcance de los genios, capaces de transfigurar cualquier material de derribo, por pobre que este sea, como hizo De Sica, en luz.

Lemmy Caution (Eddie Constantine)

Desconozco si ha habido otro actor que encarnara el papel de Lemmy Caution, además de Eddie Constantine, y tampoco me importa, Lemmy Caution solo hay uno, como James Bond solo hay uno, y es Eddie Constantine.

A casi todo el mundo le suena Lemmy Caution de “Alphaville”, lo que demuestra la capacidad de vampirización cinematográfica de Godard ya que el personaje ya existía antes, y siguió existiendo después, con el mismo nombre, o en forma de parodia como en la película de Jess Franco “Las cartas boca arriba”, en la que Eddie Constantine interpreta a un agente secreto sacado literalemente de los tebeos de Anacleto, y que cuenta con guión de Jean-Claude Carriere.

De las cualidades como actor de Eddie Constantine casi ni hablamos, Lemmy Caution es una presencia, con su sola aparición llena toda la pantalla, su rostro es inconfudible, lo mismo que su sombrero y su gabardina, y su tosca, torpe, a la vez que refinada, forma de actuar, de expresarse, de hablar.Lemmy Caution es un Harry el sucio que se ríe de sí mismo, es evidente que Eddie Constantine vivió de las rentas de este personaje, y es algo que le honra.